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La tiendita de la esquina

Actualizado: hace 6 días


Al crecer, las personas clasifican su vida por etapas. Cada persona encasilla el tiempo de acuerdo a las sensaciones que emanan de los recuerdos: el tacto de un objeto, los colores de un paisaje, un aroma familiar. Esta punzada en el pecho es muy gratificante, y cuando llega de sorpresa, las sensaciones se vuelven vívidas con ella. Muchas personas buscan recrear estos sentires, recordando cada uno de esos pasados mediante la búsqueda incesante de objetos que, a manera de piezas de rompecabezas, construyen la memoria autobiográfica. Jonacatepec es un municipio al oriente de Morelos. Atravesado por la imponente autopista, el carácter rural del municipio se desdibuja por la importancia de estar articulado a la maquinaria de la región comercial del estado: la cuadrícula que rodea a la avenida principal conserva construcciones vernáculas del pasado hacendado y revolucionario, rápidamente olvidadas conforme se retoma el circuito de la carretera.

En una de estas calles se encuentra la colección personal de Héctor García, profesionista que dedica parte de su tiempo libre a sus múltiples colecciones. Como se refiere a ella con cariño “la tiendita vintage”, es una colección cuidadosamente curada que contiene un millar de objetos que comúnmente se conseguían en las tiendas de abarrotes en la segunda mitad del siglo XX en el país. Instalada en un local de 100 metros cuadrados contiguo a su casa, Héctor ordena cientos de cajas, latas y productos alimenticios y para el mantenimiento del hogar en un impresionante gabinete de botica, también de época. El criterio para integrar las piezas a su colección es que correspondan a la época en la que él vivió, ya que durante sus años de estudiante trabajó como tendero en una pequeña tienda familiar. Esa temporada representa para él una época de felicidad que rememora en el ejercicio metódico de hacer crecer su colección.




De manera intuitiva, Héctor tiene dos grandes logros que es importante recalcar. El primero, y del que ya hemos hablado: la curaduría de la “tiendita vintage”. El principal criterio: es comprensible para cualquier persona, siendo el principal criterio haber visto cualquiera de los productos-objeto durante su vida. Esto provoca una sensación empática muy potente. El segundo: la capacidad de otorgar un carácter de extrañamiento a esos productos, que fueron sustraídos de su función principal para ser encapsulados en bodegas durante décadas, quizá por casualidad, y que él abstrae y resignifica para que toda la persona que los vea, se transporte a las sensaciones que experimentaba, de acuerdo a su particular biografía, en relación con los productos- objeto de la colección.

















Además de los productos, Héctor recalca la dificultad de encontrar el gabinete azul que contiene su colección, la columna vertebral del proyecto, que originalmente era una botica de una anciana en Cuautla, quien se rehusaba a venderlo por motivos personales.



El color azul es muy peculiar por ser relativamente reciente: no se mencionaba tan tempranamente como el rojo o el negro en las culturas occidentales. En la antigüedad no tenía buena reputación, ya que se asociaba con los excesos y la barbarie de las culturas no grecorromanas. Fue hasta el periodo gótico temprano, alrededor del año 1100, que se empieza a relacionar con la pureza, plasmado en las representaciones del manto de la virgen María, y es entonces cuando se resignifica y su extracción, uso y búsqueda, se extienden al grado de llamar a uno de los tonos “ultramar”. El uso contemporáneo del azul lo relaciona a la modestia, al optimismo, a la confianza. La elección de la Organización de las Naciones Unidas por el azul cerúleo para su bandera, otorga la neutralidad que contrasta con los rojos, verdes, amarillos o negros que constantemente representan a las distintas naciones.









Sin embargo, como suele suceder, en el día a día los significados cambian, sobre todo al ser usados entre la gente común. Contrariamente a las designaciones diplomáticas que parecen cada vez más decrépitas, los anglosajones han relacionado estrechamente al azul con distintos sentires, ya sea físicos o emocionales. Sus músicos han rescatado el dicho de “ser azul” para describir, aunque no literalmente, un sentimiento melancólico, nostálgico, de búsqueda por un pasado que ya no está. Chet Baker canta que es suficiente con haber conocido el sentimiento de amar a una persona (en pasado), porque él nació para “ser azul”.





De todos los sentidos, el olfato suele entretejerse con la memoria. El recuerdo y el aroma están íntimamente ligados y juntos llegan hasta el fondo de nuestra vida personal. Los olores evocan recuerdos y los recuerdos evocan olores. Héctor es consciente de esto y lo aprovecha en su colección. Recuerda, cuando niño, el aroma a cuero de los instrumentos de ganadería que usaba su abuelo. También evoca el olfato del tendajón de su familia, sobre todo, el de los licuados de Chocomilk que preparaban solamente para vender, y que él anhelaba, pero por lo ajustado de la situación económica, difícilmente llegaba a obtener. Ahora, de adulto, ha conseguido una decena de latas del producto, como honrando el deseo de su niño interior, finalmente cumplido, aunque décadas después. Las experiencias olfativas le parecen muy gratificantes al día de hoy. Efectivamente, de las muchas cosas que sorprenden del particular acervo de Héctor, es que también es una cápsula de aromas.

Los Chiclets Adam’s despiden la fragancia de la menta, violeta, o tuttifrutti cuando uno se acerca; de igual manera, los detergentes y jabones. Discretamente, estos productos han enfrascado sus esencias de manera impecable, y aún hoy, cualquiera que acerque la nariz puede viajar en el tiempo hasta la más remota infancia. La tiendita tiene muchas experiencias sensoriales. La más obvia puede pensarse como la vista, colorida y alegre. Sin embargo, el acercamiento a través del olfato, le da un giro a la experiencia, ya que otorga mayor profundidad al recuerdo, que solo puede experimentarse a través de ese sentido. Con mucha emoción, este coleccionista habla de cómo pareciera que al ponerse el sol, los productos desprenden, aún más, esos aromas, y que son muy agradables de experimentar.



Héctor pasa muchas horas de las cálidas noches en Jonacatepec trabajando silenciosamente en su colección. Del enorme mueble saca extractos de la tiendita para inventariar, sacar el polvo o simplemente acomodar los productos de distinta manera. El ejercicio en solitario de recordar el producto como lo vio en su infancia es un viaje en el tiempo en sí. La sensación en el pecho que provoca mirar los objetos de su colección, muchas veces incomprendida, pero siempre muy emocionante de visitar, permite que la persona reconstruya, pieza por pieza, una autobiografía, velada en la memoria por una nostálgica capa azul.





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